lunes, septiembre 18, 2006

HERMANN: CAATINGA

Antes de nada, confesar que Hermann es uno de mis autores favoritos. De hecho es el que más obras cuenta en mis estanterías: 41 álbumes en el último inventario, por lo que posiblemente se me note el cariño que le tengo y sea un poco menos objetivo de lo que debería.




En el álbum Caatinga, (Planeta, 1997) estamos ante un western donde el gran protagonista es esta zona semiárida del Noreste de Brasil. Hermann nos muestra la “Arizona Brasileña” aproximadamente en los años 30 del siglo XX, donde el progreso está todavía empezando a llegar (telégrafo, carreteras, vehículos a motor) y donde los grandes terratenientes imponen “su ley”, bien a través de la policía y el ejército, o bien contratando a los Cangaçeiros (bandoleros que en ocasiones sirven como mercenarios) para resolver sus conflictos, siendo los pequeños propietarios quienes sufren los abusos y las represalias de unos y otros.

Si bien la historia puede, en principio, no resultar demasiado original, seguro que recordáis varios westerns de conflictos entre ganaderos por el agua (Horizontes de grandeza, de William Wyler) o de persecuciones de bandas de forajidos (Grupo Salvaje, de Sam Peckimpah) sí lo es el marco en el que nos lo muestra Hermann. Y aunque Hugo Pratt ya nos había presentado este escenario con Corto Maltés en “Bajo el signo de capricornio”, Hermann le da a esta historia un tono de crítica social, junto a mayores dosis de violencia, venganza y muerte de principio a fin. Es lo que en el cine se ha dado en llamar “western crepuscular”: el final de la época de los cangaceiros superados por el progreso.

Sensación de fatalidad y desesperanza, en un país duro y difícil donde la vida no lo es menos, “Papa hablaba poco y no reía nunca. Excepto cuando la Caatinga reverdecía. Entonces, a veces le descubría una sonrisa. No le gustaba que me diera cuenta”.
No es una historia bonita, pero sí una buena historia.

Gráficamente muy trabajado, cuidando los detalles, la ambientación, el retrato de gentes animales y paisajes; con un tratamiento del color, que aplicado directamente gana terreno a la línea respecto a trabajos anteriores, y pasa a formar parte esencial de cada dibujo.



Hermann Huppen (Bélgica, 1938) es un autor muy prolífico que cuenta con dos de las series fundamentales del cómic europeo: Jeremiah y Las Torres de Bois-Maury.
Muy seguido en España, cuenta con una bibliografía dispersa por muchas editoriales: desde la desaparecidas Grijalbo (series Comanche, Bernard Prince y Jeremiah) y Toutain (Abominable) a Ediciones B (Misié Vandisandi), Planeta (Caatinga), Aleta (La chica de Ipanema), Norma (la serie Las Torres de Bois-Maury, y Luna de Guerra) y Dolmen (Jeremiah nº 20, Manhattan Beach 1957, Zhong Guo y recientemente Drácula).
Con todo, actualmente solo podemos conseguir con facilidad los álbumes de Norma, Dolmen y Aleta; el resto están descatalogados.

Seria mucho desear que Planeta reeditara Caatinga dado su poca coherencia respecto al cómic europeo (diferentes formatos, elección de autores un tanto dispar), pero confiamos en que Dolmen y Norma continúen apostando por este genial autor (para este otoño se espera aparezca en Francia el nuevo Bois-Maury: Dulle Griet) y estaría muy bien que se “arriesgaran” a reeditar todo Jeremiah, ¿tal vez en integrales al estilo Valerian? (???)

Es interesante consultar la página oficial www.hermannhuppen.com (en francés) donde encontraréis su bibliografía completa y muchas ilustraciones de sus personajes.

3 comentarios:

Marko Umorista dijo...

¡Le saludo por tomarse el tiempo para difundir su lectura de este magnifico album!

Anónimo dijo...

Uf!! Integrales de Jeremiah!! Qué gozada el día que lleguen,...porque tienen que llegar, no?!!
Jeremiah es una serie brillante, tanto en el dibujo como en los guiones.

Caatinga no me entusiasmó tanto, y Drácula es un truño, con perdón. Pero el resto es muy recomendable.

Anónimo dijo...

Caantiga graficamente me pareció de lo mejor de Hermann, y no tuve más remedio que hacerme con la edición limitada en tapa dura que sacó Planeta. Una gozada.
Eso sí, desde que su hijo ha tomado el timón de los guiones, Hermann me interesa mucho menos, ha perdido mucho. De todas formas voy afilando los colmillos a la espera del próximo Bois Maury...