miércoles, noviembre 22, 2006

EL GLOBO. REVISTA MENSUAL DEL CÓMIC (III): CÓMO CONOCÍ A THE SPIRIT

No es por nada, pero la culpa de que me gusten los cómics es de mi hermano. Él trajo a casa la revista El Globo y durante toda nuestra infancia, adolescencia, juventud y madurez se ha hecho partícipe de esa culpa, cuando me hacía acompañarle a librerías de viejo y quioscos primero y a Futurama, a la FNAC y a Imágenes después; primero para comprarlos y después para ayudarle a traer a casa el montón que había comprado (aún hoy soy la encargada de sujetar los cómics mientras él recorre la librería decidiendo qué comprar y yo le sigo siempre dispuesta a acoger entre mis brazos otro inapreciable volumen). Debo decir incluso que si prefiero los cómics europeos es también porque son sus favoritos.

Sin embargo, toda regla tiene su excepción, y la excepción a la predilección por los europeos es, en este caso, WILL EISNER, escrito así, en mayúsculas, porque, a ver, ¿a quién no le gusta Eisner, el creador del “cómic perfecto”, como dice R.C. Harvey en la introducción del volumen I de Los archivos de The Spirit editados por Norma Editorial?

En 1939 abandonó a su socio, Jerry Iger, para dedicarse en exclusiva a la creación de un personaje con el que podría plasmar todas sus innovaciones técnicas narrativas y con el que revolucionaría la narrativa visual: The Spirit.

The Spirit nació como parte de los “contenidos de una “revista de cómics” de 16 páginas que saldría publicada en todo el país como encarte en las ediciones dominicales de los periódicos más importantes” (como nos dice Eisner en el prefacio del volumen 1 de Los archivos de The Spirit), en entregas semanales. La trama detectivesca del personaje permitía a Eisner dibujar las historias que quería contar y tal y como quería contarlas, con contenidos para adultos, lejos del entretenimiento exclusivamente juvenil, influido por otros dibujantes como Milton Caniff (Terry y los piratas) o George Herriman (La gata loca).

Así, entre tanto héroe americano, Eisner creó el antihéroe, un hombre fuerte, inteligente, atlético, disfrazado, como los héroes al uso, pero de una manera peculiar: con traje azul, sombrero, guantes y antifaz. Lo del traje azul lo averigüe después, cuando releí las historietas en color en Los archivos de The Spirit.

La verdad es que yo, la primera vez que lo vi, lo vi en blanco y negro. Murder, se llamaba la historieta. La leí en el número 6 de la revista El Globo, como ya he contado en otra ocasión.

Con el tiempo me aficioné al personaje y a menudo me compraba sus historias.

Lo que más me gustaba de aquellos pequeños comic-books eran las portadas. La portada era la primera página de la historieta, con las letras del nombre de The Spirit insertadas dentro del dibujo de la viñeta, y cuántas veces rebuscando en la librería Futurama decidía adquirir uno u otro basándome en la impresión que esa cubierta, que ya te introducía en la historia que iba a contarse, me había hecho.

Eisner utilizaba un lenguaje narrativo propio, con una puesta en escena cinematográfica, con perspectivas poco corrientes en las que predominaban los encuadres inusuales, los contrapicados, los claroscuros, los juegos con la luz (el recurso de la lluvia y los relámpagos que iluminan con sus destellos creando atmósferas de intriga y misterio es uno de los que más me gustan), con un uso de las viñetas que nada tenía que ver con lo visto hasta entonces (prescinde de los recuadros en la viñetas; en ellas los personajes entran y salen dando sensación de profundidad y dinamismo y su formato depende del tema que quiere tratar y del espacio del que dispone para contar la historia, de manera que, en ocasiones, para conseguir un mayor espacio y una atmósfera adecuada, aumentaba la carga narrativa de algunas viñetas). Con esos alardes de narración visual, no me extraña en absoluto que las Splash page (páginas de presentación de una sola viñeta) se consideren por sí solas auténticas obras de arte.

Antes de convertirse en The Spirit, Spirit tenía un nombre, Denny Colt, criminólogo y detective privado que “muere” intentando capturar al Dr. Cobra y es enterrado en el cementerio de Wildwood. Sin embargo, su muerte ha sido sólo aparente y cuando se recupera y sale de la tumba a las pocas horas, decide que debe dedicar su “muerte” a luchar contra delincuentes y criminales de los bajos fondos a los que la policía no consigue detener encarnando a The Spirit, instalando su laboratorio secreto bajo el cementerio de Wildwood, convirtiéndose en “agente confidencial” al alistarse en el ejército durante la Segunda Guerra Mundial y adoptando, cuando la ocasión lo requiere, múltiples identidades, pero manteniendo siempre secreta la suya propia. Sólo el comisario Dolan conoce la identidad de un personaje que, a pesar de ayudar a la policía, llegará a estar fuera de la ley.

No me digáis que la trama no es interesante. Si además añadimos personajes como Ebony White, el ayudante de Spirit; Ellen, la hija de Dolan (a la que no se puede cuestionar que deje su noviazgo con Homer Creap para convertirse en la eterna novia de Spirit); un coche volador; Sammy, el entrenador de béisbol a quien Spirit conoció en la isla de Monabau y que acabaría convirtiéndose en otro miembro de la familia; P’Gell, una devoradora de hombres que pretende seducir a Spirit; Satin, la espía británica, y cientos de personajes entrañables y de malos malísimos, la diversión está asegurada, sobre todo si tenemos en cuenta que Spirit les cede muchas veces el protagonismo de las historietas.

Si bien Eisner dejó de dibujar a The Spirit en 1952, en absoluto dejó de experimentar y sorprendernos con los resultados; no sólo revolucionó el mundo del cómic-book, tan distinto de las tiras dominicales, sino que fue el creador de la “novela gráfica”.

Si podéis, leed El edificio (1987) o Las reglas del juego (2001). Seguro que la lectura no os deja indiferentes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muchas gracias hermanita por la paciencia de todos esos ratos de esperas y trajinar comics y libros en todos estos años. Un beso muy grande.